lunes, 14 de noviembre de 2011

¿Educación Física?


Nunca he sido especialmente mala en las prácticas deportivas. Pese a mi escasa estatura, jugué en el equipo de baloncesto del colegio: competimos en algún campeonato mixto, y ganamos algún trofeo. Tampoco se me daban mal otras disciplinas que practicábamos en el gimnasio de nuestro centro educativo: salto al potro o elasticidad, por ejemplo.

Sin embargo hasta hace muy poquito había guardado especial rencor a una cosa: correr. Las carreras de larga distancia. Aún recuerdo el campo de fútbol donde nos obligaban a trotar. No era capaz de aguantar los interminables minutos de carrera continua. Mi odio por esta disciplina se trasladó a los años de instituto, donde el campo de fútbol fue sustituido por el Polideportivo Municipal. No se me olvidan los escondites que me vi obligada a buscar y las trampas que tuve que hacer para conseguir aprobar la Educación Física. Menos mal que la resistencia solo era parte de la programación de un trimestre de cada curso...

Correr más de 10 minutos jamás ha sido lo mío. Bueno, en realidad jamás lo fue hasta hace unos 4 meses. Un día del verano que acabamos de pasar me dio por ahí, como a Forrest Gump. Primero alternando la carrera con el andar. Poquito a poco. Sin prisa pero sin pausa. Y hasta ahora. No soy Marta Domínguez, pero al menos  puedo decir que soy capaz de correr más de 1 hora a seguida, o más de 10 kilómetros continuados. Y hasta me ha dado por participar en carreras populares. Y hasta las he terminado.

Por eso, a estas alturas me pregunto: ¿Eran adecuados los métodos usados en el colegio con los que nos "forzaban" a completar sin apenas preparación vueltas y vueltas a un campo de fútbol? Y yo misma me respondo: para mí no lo eran. Solo por ese motivo he odiado durante muchos años una práctica deportiva que ahora estoy ansiosa por ir mejorando día a día. Era una espinita tenia clavada dentro desde entonces. Por suerte he encontrado la forma de quitármela sin dolor. Lástima que no haya sabido hacerlo antes.

4 comentarios :

  1. Dios!, recuerdo aquellas largas carreras de resistencia. Yo también las odiaba, y lo más extraño es que, en los concursos de carreras, nunca quedaba en un mal lugar, pero las odiaba porque eran obligadas y pesadísimas.

    Creo que fue culpa de esas carreras, que ahora voy a todos lados como si llevase un petardo en el trasero...y es que soy incapaz de salir a pasear sin llevar un paso ligero.
    Cuánto daño hizo la educación física de entonces, y también cuánto añoro aquellos años.
    Saludos y feliz Navidad.

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  2. Ya también me preguntaba, porque me hacían correr dando vueltas al colegio hasta casi reventar… y cuando me obligaban saltar el “potro” me aterraba ese artefacto, por el miedo a la caída y lo que es peor por el miedo al ridículo…

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  3. Colocais los recuerdos con mala resolución y se ven borrosos. Saludos de
    Campos

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  4. +1 a lo dicho por J.P.-Akela.

    Recuerdo que más de una compañera (éramos solamente chicas porque era un colegio de monjas), se desmayaba en plena carrera. Nos hacían correr como posesas por el enorme patio exterior que tenía el colegio, a la 1 del mediodía (con pleno sol), y sin precalentamientos de ningún tipo (y todo esto después de estar sentadas 4 horas en clase y habiendo almorzado apenas media hora antes).

    Lo "mejor" de todo es que mientras atendían las monjas a la desmayada (que luego se llevaba una bronca monumental por dar ese "susto" y porque con su desmayo había provocado la caída de alguna que la seguía detrás...), al resto nos hacían seguir corriendo y corriendo alrededor del patio sin sentido alguno.

    Pocas cosas sucedían para semejantes imprudencias.

    Desde entonces odio correr por correr y, por esto, y por cómo nos trataron las religiosas, me hice atea.

    Saludosss.

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