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Aquella Maravillosa Infancia

Cromos y colecciones

Nuestros primeros cromos no llevaban pegatina, y había que tirar de pegamento Imedio para fijarlos en su casilla. Teníamos que ir con cuidado, porque si nos salíamos, corríamos el riesgo de que las páginas se pegasen y se chafase el álbum.

Comprábamos los sobres en los kioskos y los abríamos con la ilusión de encontrar ese cromo difícil que casi no salía y con la esperanza de que esa vez no saliera ninguno repetido.

Colecciones de cromos de los años 80

¿Qué colecciones conseguimos completar? Pocas, muy pocas. Siempre nos faltaban uno o dos cromos y nos quedaba esa espinita clavada.

Haz click en la fotografía para recordar algunos de los cromos que marcaron tu infancia.

El “síle, nole“, fue sin duda la banda sonora de nuestra infancia. La cosa, por si lo has olvidado, funcionaba así. En los recreos, o al salir del cole, o los sábados, cambiábamos cromos con los compañeros. Siempre había uno al que mirabas con cierta envidia porque tenía los repes por tacos…

Si eran de la liga, uno del Madrid se cambiaba, caso por ejemplo de Martín Vázquez, por cinco o seis de equipos menores. Y no digamos si era de Butragueño o Hugo Sánchez.

La otra forma de hacerse con el botín era conseguir que nuestros padres nos llevaran al Rastro para cambiar o comprar allí. En nuestra infancia, llevar encima la lista de los cromos que te faltaban era imprescindible, tanto como lo es ahora llevar el móvil.

Había otros cromos que no se compraban, sino que los regalaban con los bollos, con los yogures yoplait o con las patatas fritas. Las colecciones de cromos en los años 80 fueron todo un boom.