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Las canicas

juego de canicas

He leído que ya en el Antiguo Egipto los niños jugaban con ellas. La bolsa de canicas era nuestro bien más preciado, nuestro tesoro. Nos había costado mucho esfuerzo acumular tantos tesoros mediante la compra, el trueque… y hasta el mangoneo puro y duro. La tristeza llegaba cuando perdías y tenías que deshacerte de alguna de ellas, que uno ya procuraba que fueran las más feas, pero así era el juego.

El valor de cada canica dependía de muchos factores: su tamaño, el material de que estaban hechas y, por supuesto, su color y su transparencia u opacidad. Estaban las normales de cristal con espirales de colores, las de mármol blanco también con colores en espiral (que eran más caras y por tanto valiosas), los bolones o boloncios (de mayor tamaño que las normales)… Una de las más codiciadas eran las de ojo de gato, opacas y negras, con una franja de color. Según los expertos, eran las que mejor rodaban.

El juego estrella de las canicas era jugar al gua, que era un hoyo excavado en la tierra donde tenías que dirigir tu canica, intentando alejar las canicas de los rivales. Cada vez que dabas a una canica tenías otra opción de turno. Sin duda, la clave fue siempre saber coger bien la canica entre los dedos.

¡Qué grandes momentos pasamos con este juego en la calle cuando éramos niños!

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